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¿Quién dijo que un crítico es un creador frustrado?

Publicado: 2018-05-20
Oí por primera vez de Leonardo Aguirre cuando reseñó los dos primeros volúmenes de Estruendomudo. Desde entonces coincidimos en debates e incluso participamos juntos en la edición peruana de la revista Lamujerdemivida. En aquel entonces aún no había publicado su primer libro de cuentos, Manual para cazar plumíferos. Ahora han pasado los años y Leonardo ya tiene una producción de más de cinco libros. Hace poco acaba de publicar Interruptus, y esa es una buena oportunidad para realizarle estas preguntas sobre libros buenos, malos, divertidos.     

¿Qué libro estás leyendo ahora?
Estoy releyendo Valdelomar o la belle époque de Luis Alberto Sánchez. Y lo releo no solo porque soy fan a muerte del Conde de Lemos, sino porque, además, me vacila mucho la prosa de Sánchez. Es posible que resulte un toque huachafo, pero Sánchez, indudablemente, tiene un estilo reconocible. Inconfundible. Personal. De pocos prosistas peruanos podría decirse tal cosa. Pocos tienen, realmente, un estilo. Lo tiene, por ejemplo, el mismo Valdelomar. Lo tiene también el Martín Adán de La casa de cartón, o el Calvo de Las tres mitades de Ino Moxo. Lo tienen Luis Jochamowitz o Jaime Bedoya. Lo tienen, entre los más recientes, Christ Gutiérrez o Katya Adaui.
¿Cuál es el último gran libro que has leído?
Sudor de Alberto Fuguet. Con Fuguet me pasa lo que le pasaba a Cortázar con Simenon: leo todo lo que lleve su firma. Es casi una cuestión de química: su prosa, sencillamente, me cae bien, así como me cae bien una persona. Y por eso lo leo mucho: tal y como puedo conversar horas y horas con alguien que me cae bien. En el caso de Sudor, fuera de la prosa que siempre agradezco, celebro la valentía, el desparpajo, los huevos, para invertir tantas páginas y detallar con toda crudeza, sin remilgos ni eufemismos, los encames de un protagonista que se le parece bastante. Y ojo que el prota es gay, lo cual hace doblemente escandaloso este libro.
¿Qué libro te decepcionó?
Manual para cazar plumíferos, cuentario de un tipo llamado Leonardo Aguirre. Ese señor se llama como yo, pero no somos la misma persona. Muy lógico: hay 13 años de diferencia entre el autor del Manual y el autor de Interruptus. 13 años no es poco: pueden cambiar muchas cosas en ese lapso. Cambiar y, desde luego, mejorar. Así que el Leonardo Aguirre de Interruptus acaba de leer al Leonardo Aguirre del Manual y ha detectado, con horror, impericia para el ritmo, muchas frases hechas, retruécanos muy fáciles, gags tipo Melcochita, cuentos muy ortodoxos junto a caprichos vanguardistas exasperantes. Y también muchos gatos: uno por cada cuento.
¿Cuál es el libro más divertido que leíste?
Vida y opiniones de Juan Mal-herido del español Alberto Olmos. Es una selección de reseñas filudas y despiadadas que Olmos solía publicar en un blog usando el seudónimo del título. No importa si estás en desacuerdo con él (de hecho, a mí me gustan varios libros que Olmos despedaza) y tampoco importa si leíste o no los libros reseñados: es un placer (¿insano?) verlo filetear a sus rivales. Y ojo que Olmos no es cruel: es fino y cachaciento. ¿Quién dijo que un crítico es un creador frustrado? Este compadre tiene más talento que varias de sus víctimas. Lo suyo, más que crítica, es, a secas, literatura. Y lo mismo, sin duda, podría decirse de Alberto Hidalgo.
¿Qué libro le regalarías al presidente Vizcarra?
Como no creo que disponga de tiempo, de concentración, de paz, para leer absolutamente nada, ni siquiera los diarios, le regalaría tres volúmenes que no necesitará ni abrir para que le digan cosas importantes. Tres libros que dormirán en su estantería, pero cuyos lomos servirán, casi casi, como mantras: La tentación del fracaso, de Ribeyro; La amistad del aire, de Santiago del Prado; Triste, solitario y final, de Oswaldo Soriano.
Si tienes que llevar 3 libros a una isla, ¿cuáles eliges?

Como asumo que ahí moriré pronto, puesto que soy una completa nulidad para cualquier cosa que no sea escribir, llevaré tres libros con los que quisiera ser enterrado. Llevaré, por ejemplo, un libro que mi abuelo Felipe carga siempre que sale de viaje y que siempre reposa sobre su mesa de noche: la edición de Aguilar, con papel casi fumable, de las Tradiciones peruanas de Ricardo Palma. Mi abuelo, que es masón, compró ese volumen cuando supo que Palma también lo era. Ignoro si lo lee siempre como quiere hacernos creer; supongo que le sirve más como un talismán. Y ese talismán, por supuesto, heredaré yo cuando él se muera (ya me lo prometió). Llevaría también a la isla un libro que escribió, y no sé si vendió, mi bisabuelo jaujino Manuel J. Del Valle: Relatos serranos. Me parece que ese volumen solo circuló entre amigos y parientes. Es una recopilación de cuentos orales jaujinos, casi siempre góticos, que Manuel, como era paleontólogo, suele rematar, muy pincha-globos, con frías explicaciones racionales. He leído ese libro, sin mentir, unas veinte veces. Mi bisabuelo ya había muerto cuando yo nací: leyéndolo, sin embargo, me comunico de algún modo con él (muy propio: hay muchos fantasmas en Relatos serranos). Y en tercer lugar, llevaría una Biblia que tengo profusamente subrayada, resaltada y garrapateada con preguntas. Quiero que Dios me responda esas preguntas (si acaso existe, y si acaso me toca el cielo).


Foto: Kattya Lázaro


Escrito por

Edwin Chávez

Co-fundador @lamula. (Post)estructuralista, narrador sci-fi, cuentista metaliterario, pixel-prototipeador, {css: lover}, poeta [01]nario.


Publicado en

Circuitos abiertos

"Leo continuamente mientras trabajo; en general, por la noche. Es una manera de mantener los circuitos abiertos". Philip Roth